Breve historia de Granadilla

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Granadilla es una villa fortaleza de diseño urbano radiocéntrico, con calles convergiendo radialmente hacia la plaza, y un límite perimetral amurallado de 924 metros. Su parte más vulnerable está defendida por el baluarte del castillo, que controla la puerta de la villa al noreste, en contraposición a la puerta de Coria, al suroccidente. Todo el caserío está intramuros, incluidas las huertas, entre el adarve de la muralla y las traseras de las casas.

Granadilla es un pueblo medieval fundado por los musulmanes en torno al siglo IX como avanzadilla militar y defensiva. Tras varios siglos de dominación árabe fue conquistada por el rey Fernando II de León, que la dotó de una gran muralla y le concedió el título de villa en el año 1170, lo cual llevaba implícito el dominio sobre un extenso alfoz con más de 55 núcleos poblados en total de 900 kilómetros cuadrados.

Pasó por diferentes manos. El rey Alfonso X la donó a su hijo el infante Don Pedro en 1282, perteneciendo sucesivamente después a Alfonso XI, al infante Don Sancho, a su hija Doña Leonor -reina de Aragón por casarse con Fernando  de Antequera- y al hijo de ésta el infante D. Enrique, maestre de la Orden de Santiago.

Juan II, a mediados del siglo XV la cedió a Fernán Álvarez de Toledo, primer conde de Alba. Durante más de cuatro siglos perteneció a la casa de Alba, hasta que el convulso siglo XIX trajo consigo el triunfo de la revolución liberal burguesa y con ella la abolición de los señoríos, las desamortizaciones y en definitiva la disolución del Antiguo Régimen. Todavía siguió perteneciendo a los Alba hasta el 22 de abril de 1893, fecha en que se vendió el castillo a un particular. Después, con la pérdida del juzgado de instrucción en favor de Hervás, empezaría su decadencia y finalmente pasaría a ser del Estado cuando se decidió la expropiación de sus tierras y su abandono forzoso debido a la construcción de la presa de Gabriel y Galán en 1955.

En este proceso la Administración no estuvo a la altura de las circunstancias: con tasaciones de algunos de los bienes expropiados en la tercera parte de su valor real, lenta y escasa en el pago de las indemnizaciones, sin que aún se les hubiera satisfecho estas, los vecinos debían pagar rentas a Confederación Hidrográfica del Tajo por seguir cultivando sus propias tierras que aún no habían quedado inundadas. Y por si fuera poco el ganado tampoco podía pastar, pues se procedió a una intensa repoblación de las zonas expropiadas sin inundar con especies alóctonas como pinos y eucaliptos, para lo que se contrató además a trabajadores andaluces.

Desde 1980, Granadilla fue declarada Bien de Interés Cultural con la categoría de Conjunto Histórico. Y en 1984 fue incluida en el programa “Recuperación y utilización educativa de pueblos abandonados“, consiguiendo que numerosos escolares de todos los puntos de España acudan a Granadilla en periodos de vacaciones para conocer su historia y poner en práctica interesantes programas educativos.

 

SEBASTIÁN CABALLERO GONZÁLEZ

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